The Last of Us 2: El reflejo de quien no queremos ser.

The Last of Us 2 no es la historia de venganza en honor a la memoria de Joel que pensé que iba a ser. 7 años después de que Naughty Dog lanzara el “legendario” primer juego tenemos la segunda parte en nuestras manos, y para mi sorpresa -aunque efectivamente la premisa es la venganza-, se trata de mucho más que eso; The Last of Us 2 es una metáfora a las situaciones que la vida adulta nos depara en algún punto a todos nosotros, y un ejemplo práctico de lo que quiere dar a entender esa imagen que todos hemos compartido en alguna red social que reza: “Todas las personas pelean una guerra interna de la que no tenemos idea. Sea comprensivo, siempre”. 

Pérdida, negación, aceptación, depresión, venganza y redención. Pero sobre todo, dolor. Mucho dolor. Me atrevo a apostar que en algún momento mientras avanzamos en el juego, el mismo llega a evocar sentimientos de todo tipo; en muchos de nosotros por la “razón incorrecta”, pero nos hace sentir algo a fin de cuentas, y el sólo hecho de lograrlo le pone en su propio pedestal. Esta es la razón por la que The Last of Us 2 es fácilmente el mejor y el peor juego que he jugado esta generación: lo amé con intensidad, muy a pesar de la forma tan cruel en que pisoteó mi corazón.

Amé la jugabilidad, animaciones, interacciones, fluidez de las transiciones, gunplay, dirección de arte y fotografía, inteligencia artificial, a Abby y cuanta metáfora nos abraza a lo largo de la historia, así como odié el diseño repetitivo algunos de los niveles, el sistema retrógrada de menús e ítems, lo innecesariamente extensa que es la versión de Abby de la historia y en general, casi toda la segunda parte del juego. The Last of Us 2 no es perfecto -y eso está bien-, pero en mi experiencia personal los puntos altos llegaron demasiado alto, y los bajos, bueno. Estuvieron peligrosamente cerca de incitarme a no terminar el juego.

«Feliz cumpleaños, chiquilla».

Una historia cargada de sentimiento.

No me avergüenza en lo absoluto aceptar que lloré amargamente cada vez que se hacía alusión al legado de Joel; la persona que -sin tener ninguna relación sanguínea con Ellie- se convirtió en su amigo, mentor… y padre. Joel está presente cada vez que Ellie lucha por sobrevivir, cada vez que tararea una canción; que toma una guitarra y toca uno de tantos himnos eternos que nos ha regalado la música. Cada vez que ella se cuestiona si vale la pena vivir sin él, o por el contrario, si él hubiese apoyado que lo vengase de esa manera… ahí está su legado. Y como persona cuyo padre biológico no es más que una razón para compartir memes de abandono y a quien los Dioses bendijeron con una figura paterna que ha sido pilar, mentor y amigo, no pude evitar identificarme con ella, y llorar, y llorar… y seguir llorando. Porque no sólo pude comprender su dolor, pude sentirlo yo mismo; bastó con imaginarme perdiendo a mi más grande maestro ante la brutalidad de la venganza para que un tenebroso frío me recorriera la espalda. ¿Qué pudo haber sentido Ellie? 

La intensidad de la primera parte es la culpable de que se me haya hecho eterna la segunda: si bien me gustó el personaje de Abby, su historia y su desarrollo nunca me hicieron click. Entendía sus razones a la perfección, y podía inclusive justificarlas de una u otra manera, mas no llegaron a calar igual. Dada la constante repetición de los mismos escenarios y los mismos enemigos en lugares “iguales pero diferentes”, pasadas las 5 horas junto a ella y su acompañante su versión de la historia se convertía más y más en un obstáculo por conocer el final, y no en algo que estuviese disfrutando jugar y experimentar, máxime con lo planos y totalmente genéricos que son su grupo de amigos. 

Yo creo, y creo porque puedo ver nuestros días en el futuro.

Una vez volvemos a controlar a Ellie y podemos finalmente cerrar la historia, llegamos a la parte más controversial de todas: el final. Lo voy a decir tal y como lo pienso: me alegra que Ellie no sea el nuevo “viejo Kratos”. Que no sea este personaje cegado que no aprende, no crece como persona, como humano, como ser con familia y amigos, y solamente busca la venganza por escape y satisfacción. Y esto puede ser contradictorio para muchas personas, porque esta venganza es de muchas maneras la razón misma de que comenzáramos este viaje y bueno, siendo cínicos hasta de que exista el juego, pero ya por estar ahí me preguntaba constantemente si eso de verdad era importante. Ellie dejó a su familia esperando en afán de obtener merecida venganza porque la ansiedad, impotencia y necesidad de cerrar ese capítulo no la dejaban vivir, y la única persona cercana a Joel que le quedaba insistía en que era lo correcto, muy a pesar de tener finalmente la vida en familia que años atrás parecía un concepto inalcanzable con el que había soñado siempre.

Cuando finalmente llegó a donde quería llegar, se vio forzándose a sí misma a pelear con una persona que -al igual que ella- lo había sacrificado todo por perseguir lo que consideraba correcto. El juego entonces nos regala ese último combate en donde estamos incómodos, no queremos pelear, no podemos tomar un bando y las náuseas son tan palpables que casi podemos prometer no volver a tomar alcohol nunca más en la vida; no queremos hacer lo que estamos haciendo, porque muy en el fondo sabemos que no tenemos derecho; sin importar si simpatizamos con Abby o Ellie, hay plena certeza de que a este punto no vale la pena pelear más. No a costa de los valores, las experiencias, la familia y la vida que quedó atrás para llegar aquí.

Ellie comprende en ese momento que su viaje en busca de redención se tornó en el camino que la estaba llevando a convertirse en la razón misma que la había empujado a buscar venganza, y no pudo más; no pudo justificar el seguir persiguiendo el fantasma de esa figura que meses atrás consideraba su padre, pero que en algún punto del camino se había transformado en una sombra vacía y distante que le flagela, arrastrándola cada vez más rápidamente hacia este abismo sin fondo que la invita a encarnar un monstruo sediento de “justicia”.

No es muy difícil de entender: ¿Cuánta sanidad mental le queda a una persona que despierta todas las noches al sonido del último aliento de quien le enseñó todo? ¿Qué puede buscar una persona en esta situación, si no paz? Durante la vida adulta todos hemos vivido esta metáfora de perseguir durante mucho tiempo algo que simplemente no nos llena ni satisface como pensábamos que iba a hacerlo cuando lo consiguiéramos, razón por la cual una vez más llegué sentirme identificado emocional y psicológicamente con la encrucijada de Ellie, y al igual que ella, llegué al punto de sólo querer paz. De cerrar ciclos e irme a casa a descansar, porque mañana la vida sigue.

¿Cuál es la razón correcta para llorar?

Para mí, haber encontrado en estas metáforas un espejo que sólo refleja dolor. Para Ellie, haberlo perdido todo. Para algunas personas la muerte de Joel, para muchas otras que no haya obtenido su venganza. Sea cual sea la razón, hay una lección en todas estas cosas que sentimos: no se necesita una razón correcta para llorar, siempre que este desahogo nos alivie.

The Last of US 2 intenta enseñarnos el dolor de perder a un ser querido, la importancia de demostrarle afecto en vida porque no hay nivel de arrepentimiento que nos devuelva el tiempo después de la muerte, el camino sin retorno y veneno para el alma que es la venganza, pero sobre todas las cosas, que nunca es tarde para amar. Nunca estamos lo suficientemente dañados para que las malas experiencias y la mala percepción que podamos tener de nosotros mismos nos haga disminuir nuestro valor, y que se trata a fin de cuentas de perder el miedo, amar con intensidad, y dejar que el amor nos sane… antes de que sea muy tarde.

«If I ever were to lose you, I’d surely lose myself.«

Gabriel Jiménez

26 años jugando videojuegos. En uno que otro me da por escribir.

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