Desde la salud hasta el cambio climático, la inteligencia artificial acelera descubrimientos y soluciones a problemas globales.
La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser solo una curiosidad tecnológica para convertirse en una herramienta clave para la ciencia, permitiendo avances en campos como la medicina, la energía, la biología y la física cuántica. Según Peter Lee, jefe de Microsoft Research, la IA generativa no solo comprende el lenguaje humano, sino también los “idiomas” de la naturaleza, como moléculas, genomas o cristales, lo que está transformando la manera en que los científicos exploran y comprenden el mundo.
En la salud, la IA está ayudando a médicos e investigadores a detectar enfermedades antes y con mayor precisión, gracias a modelos que analizan enormes volúmenes de datos médicos, como PadChest-GR, un conjunto de radiografías desarrollado junto con la Universidad de Alicante. En el ámbito del descubrimiento científico, plataformas como Microsoft Discovery aceleran la investigación simulando procesos naturales y automatizando tareas complejas, mientras herramientas como BioEmu-1 y MatterGen permiten descifrar estructuras de proteínas o crear nuevos materiales más rápidamente.
Además, la IA está siendo crucial en la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad. Modelos como Aurora ayudan a anticipar fenómenos meteorológicos extremos, mientras proyectos innovadores como cementos bajos en carbono o aplicaciones que “dialogan” con los árboles urbanos buscan un futuro más sostenible. En energía, la IA permite optimizar procesos para energías limpias, descubrir nuevos materiales para baterías y agilizar permisos para reactores nucleares avanzados. Así, la IA se consolida como una aliada indispensable en la búsqueda de soluciones a los grandes desafíos globales.
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