El infierno ahora cabe en tus manos.
Diablo IV es una de las propuestas más ambiciosas de Blizzard Entertainment dentro del género de los ARPG, siendo una mezcla muy bien lograda de batallas intensas, exploración y una constante búsqueda de mejores recompensas. Con su llegada a Nintendo Switch 2 con Diablo IV: Age of Hatred Collection, la aventura por fin se puede disfrutar tanto en modo portátil o bien en nuestra TV si queremos una experiencia de juego más tradicional. Esta edición incluye el juego base y las expansiones Vessel of Hatred y Lord of Hatred, lo que proporciona una experiencia bastante completa desde el inicio del juego. Esta propuesta mantiene los elementos que hicieron que el lanzamiento original fuera tan interesante, aunque esta adaptación realiza algunos sacrificios técnicos para que funcione en la híbrida de Nintendo. El resultado es una versión atractiva que muestra las posibilidades de la consola, pero que nos deja ver algunas decisiones de diseño que podrían no resultar tan llamativas en portátil.
La historia nos lleva nuevamente a Santuario, un mundo devastado por la lucha entre fuerzas celestiales y demoníacas, donde la humanidad está entre la desesperación y la corrupción buscando sobrevivir. La aparición de Lilith, hija de Mefisto y una de las figuras centrales de la creación de este mundo, da lugar a una nueva crisis que amenaza con cambiar el destino de sus habitantes. Nuestro personaje deberá viajar a regiones desoladas, descubrir las verdaderas intenciones de sus enemigos y enfrentarse con criaturas que hacen de cada viaje una lucha por la supervivencia. La narrativa tiene una atmósfera oscura muy atractiva, con secuencias cinematográficas increíbles y una antagonista que le da personalidad a todo el conflicto. Si bien ciertas misiones secundarias pueden resultar simples, la trama principal logra mantener el interés, y las expansiones aportan un buen desarrollo adicional para aquellos que quieran adentrarse más en este mundo.
Respecto a su jugabilidad, Diablo IV mantiene esa fórmula que combina batallas frenéticas, habilidades personalizables y un sistema de progresión basado en obtener equipamiento cada vez más poderoso. Las distintas clases ofrecen estilos de combate muy variados, mientras que las habilidades, atributos y sinergias entre objetos permiten experimentar con las configuraciones que se nos ocurran. Los dungeons, eventos de mundo y actividades posteriores a la campaña amplían mucho la experiencia, especialmente para los que disfrutan optimizando sus personajes. Sin embargo, durante las etapas más avanzadas del juego, la repetición de actividades pasa a ser algo inevitable, ya que para conseguir mejores recompensas es necesario invertir muchísimas horas en retos repetitivos. Aun así, la profundidad de sus sistemas y la satisfacción de superar retos cada vez más difíciles siguen conservando uno de los grandes atractivos de la franquicia.
Diablo IV mantiene ese aspecto visual con ambientación gótica, mostrándonos escenarios lúgubres, criaturas grotescas y efectos que constantemente refuerzan la sensación de peligro. La adaptación para Nintendo Switch 2 pierde un poco el detalle gráfico, como la calidad de algunas texturas, sombras y otros elementos ambientales, pero mantiene buena parte de la identidad artística del original. El juego ofrece un modo de calidad que corre hasta 1440p / 30 FPS en la TV, y un modo de rendimiento que busca llegar a 1080p / 40 FPS. La segunda opción es la que más recomiendo debido a la fluidez en los combates y una experiencia más agradable en portátil. Experimentaremos algunas caídas de rendimiento en situaciones exigentes, pero el resultado general es bastante competente para una producción de estas dimensiones en una consola híbrida.
Esta versión para Switch 2 se diferencia principalmente en que nos permiten seguir la aventura fuera de la TV sin renunciar a la mayor parte de sus sistemas y contenidos. Los controles son bastante responsivos, con tiempos de carga muy razonables, y la posibilidad de compartir el progreso entre plataformas es un plus para quienes tenemos una partida en otros sistemas. Sin embargo, la adaptación no está libre de sus recortes en la parte visual y técnica, sobre todo cuando hay gran cantidad de enemigos en pantalla. Otra oportunidad desaprovechada es la falta de controles tipo mouse con los Joy-Con, teniendo en cuenta las posibilidades de la consola. Aun así, jugar en formato portátil es bastante cómodo y el modo de rendimiento consigue que la experiencia se mantenga lo bastante fluida durante la mayor parte de la aventura.
Los principales atractivos de Age of Hatred Collection se centran en el juego base y sus dos expansiones, con una gran cantidad de misiones, actividades y opciones para desarrollar a nuestros personajes. Además, se incluye el cooperativo local para dos jugadores y funcionalidades de cross-play, aunque la experiencia multijugador requiere los respectivos servicios online de Nintendo. El mayor inconveniente está en que Diablo IV necesita de conexión permanente a Internet, incluso si jugamos en solitario, esto significa que perder la conexión puede interrumpir el juego, una limitación bastante molesta al tratarse de una consola diseñada para usarse mientras estamos en movimiento. A diferencia de otras entregas de la franquicia en Switch, aquí no existe una alternativa sin conexión, por lo que jugar durante viajes o en lugares sin acceso estable a Internet puede ser un problema importante a tomar en cuenta.
Veredicto
Diablo IV: Age of Hatred Collection es una adaptación muy sólida que lleva a Nintendo Switch 2 una de las experiencias ARPG más completas que Blizzard ha desarrollado, aunque el juego desde sus inicios no alcanzó este nivel, sino con el tiempo. Su sistema de combate sigue siendo muy adictivo, con una personalización de personajes que ofrece muchas posibilidades, y el contenido incluido asegura que pasemos muchas horas entretenidos en la pantalla. Sin lugar a dudas, los sacrificios gráficos se notan, pero el modo rendimiento permite tener una experiencia satisfactoria tanto en la TV como en modo portátil. Esta versión es una oferta muy atractiva para aquellos que aún no han explorado Santuario o que desean continuar su aventura lejos de otras plataformas. Sin embargo, su mayor limitación no se encuentra en el apartado técnico, sino en una decisión de diseño que reduce bastante las ventajas de jugar en formato portátil.
Está bastante claro que al tratarse de una consola híbrida, es difícil justificar la obligación de estar conectado a Internet en modo portátil, especialmente cuando buena parte de la experiencia se puede disfrutar en solitario. Esa limitación impide aprovechar la libertad que debería dar una consola como la Switch 2 y puede llegar a ser motivo suficiente para decantarse por otra versión. Pero aun así la colección ofrece una cantidad de contenido notable y una adaptación que demuestra las capacidades del hardware de Nintendo. Diablo IV se encuentra en la consola de la Gran N un hogar bastante adecuado, a pesar de que Blizzard todavía debe resolver el tema de llevar el infierno a cualquier lugar sin depender de una conexión constante.
Sigue a Revista Yume en Instagram, TikTok y Facebook.






Información importante: Reseña realizada gracias a un código para Nintendo Switch 2 proporcionado por Blizzard.

