La decisión de PlayStation de eliminar los juegos físicos a partir de 2028 reabre el debate sobre el futuro de la industria, mientras Nintendo apuesta por mantener una alternativa para quienes aún valoran las ediciones en cartucho.
La confirmación de que Sony dejará de lanzar juegos físicos para PlayStation a partir de 2028 representa uno de los movimientos más polémicos de la actual generación. Aunque el mercado digital ha crecido de forma constante, convertirlo en la única opción significa eliminar la libertad de elección del consumidor. Con esta decisión, los jugadores dependerán por completo de las tiendas digitales, desaparecerá progresivamente el mercado de segunda mano y la preservación de los videojuegos quedará aún más comprometida. A esto se suma que Xbox también parece avanzar hacia un futuro completamente digital, dejando a millones de jugadores sin alternativas dentro de estas plataformas.
Frente a este panorama, Nintendo vuelve a demostrar que no necesita seguir las tendencias de sus competidores. El analista Mat Piscatella, de Circana, considera poco probable que la compañía cambie su estrategia por las decisiones de Sony o Microsoft, y las cifras explican por qué. Según el más reciente informe financiero de Nintendo, el 54,6% de las ventas de software durante el año fiscal 2026 fueron digitales, lo que significa que casi la mitad de los jugadores sigue comprando juegos físicos. La diferencia con PlayStation es considerable, ya que cerca del 80% de sus ventas ya corresponden al formato digital. Además, Nintendo Switch 2, una consola con apenas un año en el mercado, sigue incluyendo ranura para cartuchos, una señal clara de que el formato físico continúa siendo parte importante de su estrategia.
Lo más llamativo es que Nintendo tendría incluso más motivos económicos para abandonar el formato físico que sus rivales. Diversos reportes estiman que fabricar un cartucho de Switch cuesta entre 12 y 15 dólares, aproximadamente el doble que producir un disco de PS5, y aun así la compañía ha optado por mantenerlos disponibles. En lugar de eliminarlos, decidió aumentar el precio de algunas versiones físicas y apostar por las controvertidas Game-Key Cards, una solución que ha recibido críticas, pero que hoy parece un compromiso mucho más razonable que vender únicamente licencias digitales o cajas vacías con un código de descarga.
La realidad es que Sony ha optado por el camino que más beneficia a su ecosistema comercial, mientras Nintendo, con todos sus aciertos y errores, continúa ofreciendo opciones a quienes desean seguir comprando, coleccionando, prestando o conservando sus videojuegos. Las Game-Key Cards no son perfectas y muchos jugadores preferirían cartuchos con el juego completo, pero al menos representan un intento por mantener vivo el formato físico. En un momento en el que PlayStation y Xbox parecen decididas a cerrar esa puerta, Nintendo vuelve a demostrar que escuchar a una parte importante de su comunidad puede ser una mejor estrategia que simplemente seguir la corriente de la industria.
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