Nuevos datos muestran el dominio del formato digital, aunque el debate sobre la eliminación de los discos y el derecho de los consumidores sigue más vivo que nunca.
Los más recientes datos de Circana, compartidos por el analista Mat Piscatella, revelan que solo siete juegos de PlayStation han vendido más de 100.000 copias físicas en Estados Unidos durante lo que va de 2026. Además, en la semana finalizada el 11 de julio únicamente dos títulos lograron superar las 10.000 unidades físicas vendidas. Las cifras llegan pocas semanas después de que Sony confirmara que dejará de fabricar discos para todos los nuevos juegos de PlayStation a partir de 2028, una decisión que provocó un fuerte rechazo entre coleccionistas y defensores de la preservación de los videojuegos.
Si bien estos números reflejan que el formato digital domina ampliamente el mercado estadounidense, también sirven como argumento para la estrategia de Sony, que obtendrá un margen de ganancias mucho mayor al vender juegos exclusivamente a través de PlayStation Store. En una copia física, la compañía debe compartir parte de los ingresos con fabricantes y tiendas, mientras que en una venta digital de un juego propio prácticamente conserva el 100% del dinero. Esto deja claro que la decisión responde mucho más a un incentivo económico que a un supuesto beneficio para los consumidores, aunque Sony continúe presentándola como una adaptación a las preferencias del mercado.
Sin embargo, reducir las opciones de compra difícilmente puede considerarse un avance para los jugadores. Organizaciones como la Entertainment Retail Association (ERA) del Reino Unido calificaron la medida como “una victoria de la conveniencia corporativa sobre la libertad de elección del consumidor”, recordando que millones de personas siguen comprando juegos físicos para coleccionarlos, prestarlos, revenderlos o simplemente conservarlos sin depender de una licencia digital. La realidad es que las bajas ventas de discos no significan que ese público haya desaparecido, sino que representa una minoría que Sony ha decidido dejar atrás en favor de mayores beneficios. Con la desaparición del formato físico, los jugadores perderán una de las últimas formas de tener una verdadera propiedad sobre los juegos que compran, mientras el control de las bibliotecas digitales quedará completamente en manos de la compañía.
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