La nueva verificación obligatoria cada 30 días desata críticas y revive viejas polémicas.
Sony vuelve a ponerse en el ojo del huracán tras implementar una política en PlayStation 5 y PlayStation 4 que obliga a validar los juegos digitales cada 30 días mediante conexión a internet. Si no lo haces, los títulos simplemente dejan de funcionar. No es un bug ni un malentendido: es un recordatorio bastante directo de que lo que compras en digital no te pertenece realmente, sino que depende de la aprobación constante de la plataforma.
El problema va más allá de la molestia técnica. Esta decisión golpea de lleno la preservación de videojuegos y deja a muchos usuarios en una posición vulnerable: sin conexión, sin servidores activos en el futuro o ante cualquier cambio de políticas, tu biblioteca puede convertirse en un adorno inútil. Y sí, esto ocurre en una industria donde lo digital ya domina, lo que hace que alternativas como el formato físico sean cada vez menos accesibles.
Lo más irónico es que esta movida recuerda demasiado al desastre del DRM de Xbox One en 2013, una práctica que en su momento fue ampliamente rechazada… y que Sony supo usar a su favor. Años después, la historia parece repetirse, solo que ahora con un público más acostumbrado —o resignado— a aceptar este tipo de condiciones.
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